No físicamente. Pero imaginemos otra forma de hacerlo.
Le damos a una IA absolutamente todos los datos de nuestra vida. Todo nuestro pasado: dónde hemos vivido, qué hemos estudiado, nuestras relaciones, decisiones, errores, conversaciones, búsquedas, compras, historial médico y situación económica.
Y después le damos nuestro presente: dónde estamos, qué hacemos, con quién hablamos, qué nos preocupa y qué decisiones tenemos pendientes.
Y le hacemos una pregunta: “Dime qué va a pasar conmigo dentro de 10 años.”
La IA no predice: calcula escenarios
Probablemente no podría decirnos el futuro. Pero sí podría calcular futuros probables.
Esto ya ocurre a pequeña escala. Los modelos meteorológicos predicen el tiempo, los bancos calculan probabilidades de impago, los sistemas médicos estiman riesgos futuros y los algoritmos de recomendación anticipan qué querremos ver o comprar después.
La IA podría llevar esa lógica muchísimo más lejos y crear millones de simulaciones de nuestra vida para observar qué caminos aparecen con mayor frecuencia.
No sería una máquina del tiempo. Sería una máquina de probabilidades.
Imaginemos que alcanza tal precisión que empieza a acertar. Predice que cambiarás de trabajo. Sucede. Predice que terminarás una relación. Sucede. Predice una enfermedad. Sucede.
¿En qué momento dejaríamos de considerar aquello una predicción y empezaríamos a comportarnos como si la IA estuviera viendo el futuro?
Si la IA te dice hoy lo que harás mañana, tú puedes decidir hacer exactamente lo contrario. Y al hacerlo acabas de modificar el futuro que estaba intentando predecir.
Quizá una IA nunca pueda decirnos exactamente qué ocurrirá, pero puede llegar a decirnos cuáles son nuestros futuros más probables antes de que nosotros podamos imaginarlos.
Si una IA conociera todo tu pasado y todo tu presente… ¿querrías preguntarle cómo termina tu historia?